Listado de la etiqueta: convivencia

Manuel Llorens en Papel Literario: secuelas culturales de la violencia crónica

“Interesa atender a la violencia venezolana no solo por los episodios terribles y las consecuencias más evidentes. Interesa comprender las consecuencias que esa violencia generan en la conformación de nuestra manera de vivir, de relacionarnos entre nosotros, sus efectos en la cultura”

A comienzos de julio Caracas estuvo sometida a enfrentamientos armados que detuvieron la ciudad, cerraron la circulación por distintas zonas y mandaron a la gente en estampida, a buscar refugio. No mucho antes, en abril, bombardeos y enfrentamientos, entre grupos disidentes de la FARC y las Fuerzas Armadas venezolanas, fueron reportados en la frontera de Apure con Colombia.

Entre las imágenes que circularon por redes sociales los días de zozobra, pudimos observar mujeres con bolsos improvisados e hijos pequeños en los brazos tratando de huir de los enfrentamientos. A su vez, en dos semanas se reportaron hasta 5.000 personas que cruzaron apuradamente la frontera hacia Colombia desde Apure, intentando salvar sus vidas. Se trata de comunidades resquebrajadas por miedo, impotencia y dolor.

A los pocos días del enfrentamiento, en medio de las incursiones de la policía en el barrio, reportajes describieron a la Cota 905 como un vecindario fantasma, con algunos hogares vacíos, abandonados por familias que salieron despavoridas, así como casas habitadas pero silenciosas, esperando aterrados que un escuadrón tumbara sus puertas. Los que se atrevieron a hablar con la prensa lo hicieron en susurros. El ambiente es de terror sigiloso. El tiroteo terminó, pero la amenaza de la policía –la misma que ha ejecutado extrajudicialmente a miles de jóvenes en estos años–.


Se ha informado que, de aproximadamente 60 fallecidos a partir de los tiroteos, solo 6 han sido confirmados como miembros de las bandas delictivas. Los reportes de ejecuciones por parte de la policía a jóvenes en sus propios hogares, se asemeja a las múltiples denuncias detalladas en los informes de la Comisión de las Naciones Unidas. Pero además de la suma de horror estatal y el horror delincuencial, llama la atención las respuestas que publican las personas en respuesta a estas denuncias. Respuestas que minimizan el horror de las ejecuciones extrajudiciales acusando a distancia de que “seguramente eran malandros, no los vengan a defender ahora”. Algunos aplauden y aúpan la retaliación indiscriminada.

Interesa atender a la violencia venezolana no solo por los episodios terribles y las consecuencias más evidentes. Interesa comprender las consecuencias que esa violencia generan en la conformación de nuestra manera de vivir, de relacionarnos entre nosotros, sus efectos en la cultura.


En las investigaciones que venimos realizando uno de los focos ha sido comprender cómo la violencia crónica afecta a las comunidades, cómo transforma nuestros estilos de vida.

En una serie de estudios etnográficos realizamos observación y entrevistas en tres comunidades que han sido afectadas gravemente por la violencia. En primer lugar, trabajamos en Los Valles del Tuy, que es la zona en que aumentó a más velocidad el homicidio en los últimos años. En segundo lugar, investigamos la serie de linchamientos que sucedieron en la urbanización de Los Ruices a partir del 2015 y, finalmente, un sector de La Vega acosado por la violencia

Si bien es cierto que en cada caso las expresiones de violencia fueron muy distintas, hay semejanzas en varias consecuencias del funcionamiento de las comunidades. En Los
Ruices los vecinos nos contaron su impotencia y hastío ante la cantidad de robos que han padecido. Con ambivalencia hablaron del horror de presenciar linchamientos en las cuadras donde vivían tanto como la justificación de entender que era una reacción a la sensación de desprotección.

El desamparo vivido, acentuado luego de las protestas de 2014 en que la Guardia, junto a los colectivos armados, intimidaron a los residentes de la zona, aumentó la cohesión interna de Los Ruices y la desconfianza en las autoridades. Un grafiti apareció en la pared de una construcción que advertía: “Los Ruices se respeta”. Lo que condujo a que algunos miembros de la comunidad se organizaran y ejecutaran acciones de linchamientos. Un grupo se armó con bates y palos, movidos por la convicción de estar haciendo justicia, dispuestos a salir ante la señal de robo, para descargar su impotencia y frustración en el cuerpo del presunto victimario.

En La Vega, compartimos por tres años con varias comunidades que sufrían el acoso de varias pandillas rivales que ocupaban espacios contiguos en la zona. Los vecinos nos contaron el asedio constante, las muchas veces que se vieron atrapados entre fuego cruzado, las invasiones de las bandas de un sector a otro buscando venganza, la sensación continua estar vigilados por los grupos armados que colocan gariteros en las entradas y salidas del sector. Un vecino nos dijo, “yo trato de no saber mucho, no escucho, no veo”, para explicar como cualquier pedazo de información puede conducir a que se le señale de traidor o “sapo”.

En ese ambiente paranoico, la gente habla en susurros y mira de reojo, tratando de continuar con la vida. Una escuela maravillosa, conducida por unas monjas, funge de espacio de tregua e intenta negociar un poco de aire para respirar. En ocasiones se hacen los velatorios allí, para evitar que la banda contraria aproveche el ritual para asesinar a sus contrarios.

Pero aún más significativa es el hecho de que, como en Los Ruices, las opiniones de los vecinos sobre los jóvenes violentos son ambivalentes. A pesar del temor continuo que imponen, en un lugar carente de instituciones, un conocido violento, dispuesto a morir por proteger su sector, puede representar la versión más concreta de seguridad. En algunas de las conversaciones con niños que pudimos registrar, nos explicaban, refiriéndose a los malandros de su sector: “ellos nos cuidan, son buenos con nosotros,
nos dan comida”. La policía no hace mucho por cambiar estas percepciones. Los registros de continuas incursiones violentas que atropellan a justos por pecadores son reportados por todas las comunidades.

En Los Valles del Tuy registramos situaciones aún más dramáticas, de bandas terriblemente violentas que tienen acosada a la población, al punto de haber invadido algunas por completo y obligado a los residentes a abandonar sus casas. Una persona nos contó en una entrevista, “ya no tenemos vecinos, ya que todos decidieron huir”. Muchos espacios están controlados por alcabalas improvisadas que restringen las salidas y entradas. Todos refieren sentirse continuamente vigilados y temerosos de los actos de horror con que las bandas intimidan a todos. Una mujer desplazada de su sector nos contó que diez hombres armados llegaron a su casa, uno con una granada: “Estaba con mi esposo y mis hijos. Entré al cuarto y les dije ‘ay, hijos, nos vinieron a matar’”. Las comunidades nos transmitieron el terror continuo en que viven.

Viven en un péndulo constante entre la guerra y la paz. Por un lado, viven aterrados y desarrollan estrategias de sobrevivencia como las de un país en guerra, por otra, intentan continuar con sus rutinas como si todo fuera normal.

Pero los impactos en la convivencia y el funcionamiento de las comunidades son dramáticos. El miedo que hace que la gente hable en susurros y esté continuamente alerta a cualquier señal de amenaza, los cambios de horarios y rutinas para evitar los lugares y horas de riesgo, el aislamiento dentro de los hogares, el esfuerzo por enseñar a los hijos a desconfiar y a protegerse, el escepticismo en la bondad de los otros y la absoluta desconfianza en el Estado, así como la decisión de tomar la justicia en las propias manos apoyando los violentos locales, configuran patrones de vida que alteran profundamente la cultura.

Ignacio Martín-Baró, psicólogo social y sacerdote jesuita que estudió el impacto en la población de la Guerra Civil en El Salvador lo describió como trauma psico-social. El término subraya que los daños no se evidenciaban solamente en los individuos sino también en el tejido social. De todas las consecuencias nefastas que venimos describiendo, subrayemos dos particularmente preocupantes.

En primer lugar, Martín-Baró habló de la “militarización de la mente”. Se refería a las actitudes y creencias que se instalan en aquellos que crecen en lugares donde la violencia es la norma. Se refiere a la conclusión de que, solo recurriendo a la fuerza, solo respondiendo a la violencia con más violencia, se pueden resolver los conflictos. Una creencia que se expresa en la idealización del hombre fuerte, la exaltación de las armas, la celebración de la guerra. Lo militar termina arropando lo civil. El militarismo, que no se refiere al aparato militar, sino a las actitudes que sostienen una sociedad que enfatiza lo militar, se instala en la exaltación de la fuerza sobre la razón, el clamor por cuerpos de seguridad cada vez más férreos, el clamor de “ojo por ojo”, sobre la ética del cuidado.

Paradójicamente, el crecimiento de lo militar, no va de la mano de la instalación del orden que la fantasía militarista pregona. Como ha sucedido en otros países latinoamericanos y africanos, lo militar más bien va de la mano con el deterioro del estado de derecho y el abandono de amplias zonas del país. Es precisamente la lógica militarista la que deteriora la institucionalidad y deja al país a la deriva, dividido en feudos comandados por diversas fuerzas oficiales o paraestatales. Venezuela es prueba fiel del fracaso estrepitoso que ha representado la lógica militarista. Es la mano dura y no su falta la que nos metió en este lío.

Finalmente, la violencia conduce a la deshumanización. Los comentarios que alientan los operativos de violencia indiscriminada de la policía desprecian el terrible sufrimiento de los miembros de esas comunidades, colocando a todos sus miembros en el mismo saco estigmatizado. Provocan una herida doble, a la de sufrir los horrores de la violencia le suman la deshumanización de desconocer las injusticias padecidas.

Estas consideraciones, que podrían lucir lejanas de una publicación cultural, no lo son ya que la lucha por la palabra, es una tarea de resistencia, una apuesta a una cultura basada en la ciudadanía, es un esfuerzo crucial para rehumanizarnos y resistir al militarismo que nos han impuesto. El arte es el cultivo de la imaginación, de la posibilidad de pensar el mundo desde ojos ajenos, puede ser un ejercicio de empatía. Ante estos ciclos terribles de violencia que se han instalado en nuestra cultura, necesitamos de ciudadanos, escritores y políticos como Andrés Eloy Blanco, que, confrontado con los horrores de la violencia y el militarismo que padeció en carne propia, respondió con su
“Canto bajo el olivo”:

Por mí, ni un odio, hijo mío,
ni un solo rencor por mí,
no derramar ni la sangre
que cabe en un colibrí,
ni andar cobrándole al hijo
la cuenta del padre ruin
y no olvidar que las hijas
del que me hiciera sufrir
para ti han de ser sagradas
como las hijas del Cid.

Conversación con Doris Sommer sobre su libro: “El arte obra en el mundo: Cultura ciudadana y humanidades públicas”.

Con el objetivo de explorar formatos novedosos que aborden, igualmente, nuestras líneas de investigación, hemos tejido redes con artistas varios y personas vinculadas al área.

Reconocemos al arte como un escenario fértil para el pensamiento crítico y el intercambio de ideas, y  también como un vehículo poderoso capaz de potabilizar temas trascendentales para el país y generar reflexiones en torno a los mismos.  Un vehículo para la transformación social.

Y a propósito de nuestra exploración, junto a nuestros amigos de Labo Ciudadano organizamos un conversatorio con Doris Sommer, académica en literatura y profesora de la Universidad de Harvard, que ha trabajado cómo el arte y la cultura impulsan cambios sociales en entornos adversos.

La actividad contó con la asistencia de miembros de diversas organizaciones no gubernamentales, y  tuvo como punto de partida su libro El Arte Obra en el Mundo: Cultura ciudadana y humanidades públicas.

A partir de su lectura, se generaron preguntas y reflexiones que confluyeron en este valioso encuentro del que a continuación compartimos transcripción y registro.

Relatoría

Doris Sommer, es Directora de la iniciativa de Agentes Culturales de la Universidad de Harvard, y de Pre-Textos, una metodología de fortalecimiento e interpretación de la lecto-escritura a través del juego y la re-creación estética. Es profesora de Lenguas Romances y Literaturas y de Estudios Africanos y Afroamericanos en la Universidad de Harvard.

Verónica Zubillaga: Venezuela se ha convertido en un contexto muy difícil, con un gobierno cada vez más autoritario, y tomando en cuenta que estás hablando con venezolanos, yo quería comenzar con un pregunta general, también combinada con otras lecturas de otros trabajos tuyos, como por ejemplo, tu introducción en el libro “Cultural Agency en las Américas”. Hay frases en el texto que me encantan y que siempre me parecen tan iluminadoras. Por ejemplo, cuando dices que “si no vamos por la tangente, no vamos a llegar muy lejos”, y esta idea del ingenio como estrategia para abrir espacios de oportunidades y de derechos dentro de las limitaciones… Entonces, quería para abrir la conversación preguntar, ¿Qué se te ocurre comentarnos sobre el ingenio y el arte para abrir espacios de agencia en un contexto militarizado, de un autoritarismo cada vez más pronunciado como el venezolano? A este grupo de personas que, precisamente, nos negamos a vivir en “un pesimismo paralizante”, para seguir usando tus palabras.

Doris Sommer: Bueno, aquí estoy hablando con gente que entiende mejor que nadie el concepto. Yo soy estudiosa, entonces estudio gente maravillosa, optimista, emprendedora, creativa … o saco conclusiones teóricas, o cito a otros teóricos. Pero no creo que pueda decirles a ustedes de qué se trata. Lo que sí voy a ofrecerles es una observación que me hizo Antanas Mockus, que como sabrán es un importante mentor para mí y para muchos, cuando me hizo leer un libro de John Elster, que trabaja Rational Choice Theory; en español, la Teoría de la Selección Racional. 

Entonces, ¿Qué tiene que ver Rational Choice Theory con la pregunta que me haces? Resulta que lo que dice Elster en un libro que se llama “Ulises Desatado”, no sé si ustedes leen a Elster, pero a Antanas le gusta mucho, “Ulises Desatado” dice cómo realizar una decisión racional. Dice que primero uno limita las opciones, o sea hay cosas muy lindas ahí para ser contraintuitiva. Para ser racional, uno se auto-limita en las posibles selecciones. Por ejemplo dice, cuando uno va a un restaurante y ve un menú con letra pequeña, de cuatro páginas, no sabe qué comer y termina comiendo un arroz con pollo porque conoce el plato. Pero si va a un restaurante donde hay seis platos que uno puede leer y considerar, pues se arriesga a hacer algo interesante… Entonces, con ese pequeño ejemplo, dice: ¿Quiénes son los ciudadanos más racionales en las democracias? ¿Quiénes son? Pues son los artistas, porque el artista sabe autolimitarse para tomar una decisión dentro de restricciones que uno mismo se impone. Si yo quiero hacer un mural, Vanessa hace murales con gente de los barrios. Si uno hace un mural ¿Va a usar todos los colores del arcoiris o va a decir “Aquí tenemos cinco, no hay más de cinco colores? ¿Va a usar toda la pared en toda la extensión? Quizás, o quizás va a usar parte de la pared y parte del edificio aledaño. Va a tomar decisiones para autolimitarse y en la autolimitación está la libertad de uno, porque hay limitaciones duras y las hay blandas. Las duras son cosas que no vamos a cambiar de un día para otro. Hay limitaciones de tiempo, de dinero, de saberes, quizás de libertad política, hay cosas que no vamos a poder cambiar de inmediato como artista, pero hay otras cosas que sí podemos cambiar si nosotros tomamos la decisión de autolimitarnos.

Para demostrar eso, Antanas un día en una clase tomó un pedazo de tiza y dibujó un cuadrado de 5×4 metros en el piso ¿Si? Y dijo: “Aquí estoy en una celda. ¿Qué voy a hacer en esta celda atrapado?” Él estaba diciendo, bueno, volvió a coger la tiza e hizo dentro del cuadrado de 5×4 un cuadrado de 3×3. Se quedó dentro del pequeñito y dijo: “Ahora estoy libre”. Entonces les digo eso porque la ventaja de ser artistas, de pensar como artistas cuando son sociológicos, psicólogos, arquitectos, pero la ventaja de formar estas conversaciones entre artistas y otros profesionales es poder desarrollar esa observación contraintuitiva que ustedes todos saben que les ha funcionado, y quizás mantener eso como una dimensión de la libertad y compartir esa paradoja con otras personas que se sienten atrapados. O sea, la manera de “desatraparse” es autolimitarse (risas). Entonces quería ofrecerles ese chiste porque decirles más de lo que ustedes logran y han logrado hacer dentro de sus limitaciones sería absurdo para mí, ustedes ya hacen. Les pongo una nota a pie de sus páginas, y no en mi voz sino en las de Antanas, porque no me atrevo.

Verónica Zubillaga: Yo seguía con muchas inquietudes porque es algo que nos viene, o me viene trabajando mucho, también esta noción en un contexto de polarización… Creo que todos con los que estás conversando acá nos negamos, de una u otra manera, a participar en la polarización política tan intensa que hay en este país, y precisamente me parecía tan sugerente este concepto de “anfibios culturales”, que también conversas que plantea Antanas Mockus, pero precisamente ¿Cómo podemos trasladar esta noción de “anfibios culturales”, o este oficio de traducción y movernos entre mundos en contextos políticamente polarizados? ¿En contextos donde hay mucha violencia y muchos riesgos?. El problema que estamos enfrentando en el presente es que los riesgos se han venido incrementando. Actualmente, claramente hay periodistas que están puestos presos. ¿Cómo precisamente podemos traducir esta idea de anfibios culturales a ámbitos de polarización política y autoritarismo militarizado?

Doris Sommer: Bueno, ustedes entienden que todas esas preguntas para mí redundan más en la creatividad y en los talentos de ustedes que en cualquier respuesta que yo pueda dar. Voy a recurrir a otros expertos. Aquí Antanas habla de anfibios culturales, para él un anfibio cultural es más o menos un maestro. Alguien que sabe traducir de un registro, un idioma, un ámbito, a otro idioma. Si uno no es anfibio, no puede transmitir, ese es el concepto que usa. Yo, aquí, pienso más en Friedrich Schiller. Schiller vivió en un momento también súper peligroso, en el terror de la revolución francesa, la polarización también era terrible. Uno perdía la cabeza fácilmente. Entonces ¿Qué recomienda Schiller allí? Él se sienta, no a escribir un libro de filosofía política sino uno de educación estética en 1793, y lo publica en el 1794. Las calles de París están llenas de sangre, y él se sienta a hablar del proceso creativo…

Entonces dice, seguramente ustedes van a pensar que eso está fuera de lugar; que esto no tiene qué ver con los tiempos. Y dice, al contrario; al contrario, es lo más urgente que podemos hacer. Y como digo, ustedes lo están haciendo. ¿Qué quiere decir Schiller en eso de que el arte es lo más urgente en esas situaciones sumamente polarizadas y violentas? Es que un artista puede sorprender al contrincante…Puede sorprender, puede desconcertar, puede salir del círculo vicioso de víctima-victimario, victimario-víctima y… ¡Hacer algo que no se entiende! Esa es casi la definición del arte. El hacer algo que no se entiende, extraño, que hace difícil su comprensión. Aquí, mi santo de devoción es a Noam Chomsky, que en un ensayo de diez páginas, habla sobre qué es el arte; el arte no es económico, el arte no es generoso, el arte no da… No, el arte desafía, pellizca ¿No? Duele pero no mucho, y quieres saber más. Por eso, un buen poema, una canción, un mural, un álbum que no se entienda de inmediato, despierta la duda. Ahí los humanistas como reyes de la duda, nos gusta la duda. No sé si otros maestros de literatura estarían de acuerdo. O sea, no queremos resolver el problema de la interpretación, queremos encontrar múltiples formas de interpretación que dan para seguir hablando del texto.

“¡Muy buena interpretación!” le decimos a un estudiante, “¿Y qué más?” Porque nos gusta la duda, que nos da la oportunidad de hablar con otro ser humano. Van a llegar a un desacuerdo en algún momento, pero se vieron cara a cara. Y aquí me remito a algo más, se vieron cara a cara y aunque no estemos de acuerdo, usted es un ser humano y no lo voy a matar.

Verónica Zubillaga: Hay una noción que atraviesa todo el segundo capítulo de tu libro tomada de Schiller, esta noción del ciudadano como artista. Lo traigo a colación porque vendrá un momento en Venezuela en el cual tengamos que pensar la reparación a las víctimas de la violencia policial en el marco de operativos como el Operativo de Liberación del Pueblo, o la acción de las Fuerzas de Acción Especial de la Policía. La Reparación simbólica, dentro de un proceso de reparación integral, busca reconocer a las personas afectadas en su humanidad; restituir su dignidad lacerada; el sentido de pertenencia y emitir un mensaje contundente sobre el hecho de que son importantes para el colectivo. Como pensamos que la Reparación Simbólica es un componente importante dentro de la reparación integral, uno de los desafíos que enfrentaremos como sociedad organizada es precisamente este esfuerzo en trabajar con personas afectadas, con víctimas, donde ellas a su vez se apropien del proceso creativo ¿Qué nos podrías comentar? Precisamente esta noción del ciudadanos artista cuando se trata de víctimas y procesos de reparación de la dignidad. ¿Cómo podemos incorporarla a nuestro trabajo? ¿Qué pistas nos puedes sugerir? ¿Cómo puede ser precisamente este trabajo con artistas, muchos que aquí son artistas, y con víctimas para que fructifique?

Doris Sommer: Otra vez, esto es puro Schiller. Schiller dice que todo el mundo habla de dos pulsiones en el ser humano. Ángel y demonio; la razón y la pasión; la carne y el espíritu. Y dice: “Nosotros no tenemos que salir a la calle para ver una Guerra Civil, somos Guerras Civiles internas”. Entonces pregunta por qué no nos matamos todos y es porque tenemos una tercera pulsión que nadie ha nombrado todavía. Una tercera pulsión que es tan universal como las otras dos, que es la pulsión para crear y jugar. Entonces, como nadie había reparado en esta pulsión como una facultad universal en el ser humano, él acuña una palabra libremente porque es poeta y puede hacer lo que quiera con el lenguaje “Spieltrieb”, la pulsión a jugar a crear, en inglés de traduce muy bien “Play drive”. O sea, no hay ningún ser humano que no tenga  “Spieltrieb”, ninguno. Así como tenemos razón y pasión tenemos Spieltrieb y por eso no nos matamos. Tenemos un conflicto y sacamos algo debajo de la manga. En las familias dicen a los niños: “¿Por qué no juegas con tu hermano?” ¡Cositas! ¡Inventamos soluciones a todas horas! No solamente todos los días. Entonces, respetemos esa pulsión del ser humano que está en las víctimas, que está en los niños. Para ser ciudadano uno tiene que resolver a todas horas problemitas para no llegar a lo oscuro.Entonces, yo creo mucho en la importancia de activar ese “spieltrieb” para desarrollar al ser humano y sanar.

Cuando la gente me habla de Arteterapia, hablando de víctimas, a mí me parece que “arteterapia” son dos palabras redundantes. Cuando uno hace arte, cuando uno ejerce el “Spieltrieb”, ejerce autonomía porque tomamos esas decisiones de autolimitación, de qué colores, de qué formas, de qué rima. O sea, esa autonomía como artista es un empoderamiento, es una sanación, yo digo en un poema cuanto quiero decir y puedo ocultar fácilmente lo que no quiero, no tengo que reprocharme… Entonces, eh, cuando vi la linda novela gráfica que me enseñaste sobre las madres viudas o que han perdido hijos, etc, etc. Yo me imaginé un taller de novelistas, de novelas gráficas, donde todas las mujeres hacen su variante, que nos den información al artista, eso es ser, con compromiso, es ser informante nativo para que un artista, un antropólogo saque su obra. Todas esas víctimas saben dibujar, mal que bien, saben; yo dibujo muy, muy mal, pero les puedo decir la trama de lo que yo dibujé, entonces me llamó artista conceptual ¡Pero me sirve! No tengo que vender en el mercado mi arte, pero me sirve para sanarme y para expresar y para pensar claramente. Ese fue mi comentario.

Ángel Zambrano: Gracias, Doris. Por ahí ya comienzan a levantarse las manos. Eh, Dianora, no sé si quieres preguntar a viva voz la pregunta que comentaste por el chat.

Gracia Salazar: Ángel, recuerda que Dianora no tiene audio. Lee la pregunta.

Ángel Zambrano: ¡Coye, verdad! Se me olvidaba que Dianora es la que no tiene audio. Bueno, Doris, la pregunta que Dianora es: “¿Cómo salir del círculo víctima-victimario sin apegarse a una estructura de poder, que puede ser alguna institución cultural o educativa?”.

Doris Sommer: Si no se puede, entonces estamos en problemas ¿No? La razón por la que Schiller escribió sus cartas de la educación estética del hombre era porque él vio el círculo vicioso que es espiral, si fuera círculo sería una cosa pero Foucault nos enseñó a mirarlo como espiral porque se va de mal en peor ¿No? Escribió para romper el círculo, para buscar una tangente. Verónica recordó ¿No? Que aquí hace falta una tangente, uno toma un punto del círculo y dice: “No voy a seguir, voy a seguir otra línea”. Sin esa tangente vamos a seguir de mal en peor. Y la educación es fundamental porque si no enseñamos a los jóvenes a pensar como artistas, van a repetir patrones que conocemos y que no sirven. Por eso, en pretextos… En algún momento, los voy a reclutar a todos a pretextos, porque pretextos es una manera de enseñar cualquier materia: historia, química, hemos hecho astrofísica; yo no sé nada de astrofísica, pero los científicos estaban, yo facilito, no importa, lo enseñamos todo. Usar un texto difícil para hacerle preguntas, para sacarle hebras, para volver a amarrar, para hacer obras de artes con un texto difícil y después preguntarse: “¿Qué hicimos?”. Preguntarse por el proceso de hacer arte y donde todo el mundo tiene que hablar así como todos hablamos aquí, entonces esa es una manera súper sencilla de enseñar y no es la manera convencional. La manera convencional es sentarnos, unos a los unos en filas militares, con una persona de pie, donde ser bueno es no hacer preguntas, no hacer ruido y… Y cortamos alas, para después preguntarnos: “¿Por qué no responden los niños?” entonces la educación es fundamental. Me encanta que Schiller no escribió una educación estética, escribió una pedagogía estética.

Ángel Zambrano: ¡Gracias, Doris! Manuel y la lleva Francisco.

Manuel Lorens: Gracias, Doris. Muchísimas gracias por la conversa. Tu libro es muy estimulante, tiene tantos ejemplos que te pones a investigar, te pones a pensar, lo disfruté mucho.

Me quedaron dos preguntas. Una pregunta y quizás un comentario que me gustaría que tú hicieras. La primera es que entiendo la idea de traer el juicio estético como una herramienta para romper con el pensamiento más racional y buscar otras entradas y salidas, pero me pareció entender que propones que el juicio estético está open-minded, es decir, libre de prejuicios. Te preguntaría ¿No podría ser el juicio estético también, aunque venga de otro…?

Doris Sommer: Te congelaste, Manuel. No te escuché.

Manuel Lorens: … ¿Que quizás no son conscientes pero también son prejuicios? Esa sería mi primera pregunta. Lo segundo es que das el ejemplo de…

Verónica Zubillaga: Manuel, sabes que hubo un momento en el que te congelaste y no te seguimos escuchando, si puedes repetir la primera pregunta.

Doris Sommer: Se congeló de nuevo, yo creo que si… Apaga tu cámara por un momento ¿Ok? 

Manuel Lorens: ¿Escribo mejor?

Verónica Zubillaga: No, no, apaga la cámara.

Manuel Lorens: Sí… ¿Ahora sí? ¿Se escucha mejor?

Verónica Zubillaga: Sí, ahora sí.

Manuel Lorens: La pregunta sería ¿No puede también el juicio estético, ser un juicio cargado de prejuicios también? También trae sus propios prejuicios. Y lo segundo sería en el bloque (interferencia)… De la biografía de Rigoberto, que esta controversia tan interesante que se generó alrededor de su registro, nosotros que vamos levantar testimonios de mujeres, este, bueno, a mí como investigador me genera la angustia ¿no?  De qué tanto no puedo traicionar una verdad fáctica en función de bueno, del registro que puede proponer tanto la autora de su propia historia como un intérprete artístico. Bueno, un poco tu comentario con esa controversia sobre el trabajo de Rigoberta Menchú, que sé que lo has trabajado.

Doris Sommer: Sí, sí, muy buenas preguntas. No es fácil y quizás no sea del todo alcanzable, eh, pensar sin prejuicios, pero es… Es la meta y la vía para ser libres. Gadamer también, empezando aunque no con tanta ambición como Kant, pero Gadamer dice: “¿Cómo abordamos un texto? Siempre reconociendo nuestros prejuicios, ahí empezamos”. O sea, eh, yo reconozco mis prejuicios cuando leo algo que no entiendo, eso ya me pone en una situación donde reconozco la diferencia entre mi percepción del mundo y una percepción del mundo que no entiendo, entonces reconozco lo mío aquí. Leer es mover un poco más y más el horizonte y liberarme de algunos prejuicios, eso es para Gadamer.

Kant decía que tenemos muchos prejuicios, pero si queremos pensar libremente tenemos que hacer un ejercicio mental que nos permita sentir un espacio donde se puede ser intenso sin intereses. Para él, era muy poco importante la estética, la estética para él era una vía para llegar a pensar libremente, entonces dice así y lo pongo en el capítulo pero lo repito aquí, dice así Kant “¿Cómo vamos a pensar sin prejuicios? ¿Cómo vamos a ejercer ese músculo que no se había ejercido durante años, durante milenios o qué sé yo, no? Ehm, en las monarquías, en la iglesia católica, uno no  necesitaba pensar libremente. Entonces, decía si pienso sobre la economía, entonces no voy a ser libre porque voy a querer ganar y no perder. Si pienso en la moral, tampoco voy a ser libre porque hay reglas básicas, se pueden ajustar en un momento, en un país, pero son reglas básicas, si soy parte de una sociedad tengo que acatar. Si quiero pensar libremente, no voy a pensar en mis sentimientos porque soy una persona pasional como todos ¿No? Me dejo llevar por la pasión. Si quiero pensar libremente, no voy a pensar en la erudición, en los conocimientos, porque así como dijiste en la segunda pregunta, hay cosas verídicas y cosas que no lo son, entonces no puedo ser libre a la hora de pensar en el conocimiento… ¿Dónde, en mi vida, voy a estar intenso sin intereses? ¿Me entiendes? Ahí es donde él ubica la estética. No porque a él le guste tanto lo bello, no porque le guste el arte, sabía muy poco del arte, pero en su ejercicio mental de excluir discursos que no lo llevaran al desinterés, decía: “¡Miren la estética! Si a mí me gusta la puesta del sol, no me hace nada, no me hace ni rico, ni pobre, ni moral, ni me va ni me viene pero me tiene embelesado ver esa puesta del sol, esa rosa, y como a mí no me tiene preso por ninguna razón, eh, yo imagino que otra persona puede tener una respuesta tan libre y tan intensa a la misma cosa, y ahí tengo la oportunidad de hablar con otra persona sin interés, entonces es muy posible que yo sienta esa alegría en la puesta del sol por razones que tengan que ver con un.. Una memoria sentimental o algo que aprendí de la filosofía, de la teoría de la luz, algo puede interferir ahí, y me puedo auto examinar una vez más otra vez ¿No? Para llegar a la seguridad de que realmente esa experiencia visceral que tuve no tiene nada que ver con nada práctico ni moral, ni intelectual, por eso no importa la estética. Esta un patio vacío donde nos podemos reconocer como seres humanos. No sé si eso responde a tu pregunta ¿Ok?

Y la otra pregunta, es un problema. O sea, si Rigoberta miente o no miente, hay una diferencia ahí. Lo que yo quiero defender es su papel como escritora, como estratega, porque a ella también la consideran una informante nativa, eso es ningunearla. Si ella me manipula y me pone en ese estado de ánimo, en esa posición política, es mejor decir: “Wow, mira lo que tú lograste hacer” (risas). “Mira lo que tú lograste hacer, tu lograste decirme que no viniera a tu lado, sino que mandara dinero a los hospitales guatemaltecos porque había gente herida…” ¿Me entiendes? Es súper aguda la mujer y yo sé que me está manipulando. Si yo leo cualquier buen escritor, lo leo porque me está manipulado ¿Por qué no darle el crédito a una indígena, mujer, chiquita, redondita? ¡Es una estratega! Que me ha mentido, eso es un hecho… ¿Quién no miente? Friedrich Schiller hizo no una autobiografía sino cuatro, y todas las cuatro son distintas ¿Vamos a decir que Friedrich Schiller no sabía de lo que hablaba? Y mi ejemplo, o sea yo escribí dos páginas sobre ese debate y el título hubiese bastando también, el título era: “Bartolomé de las Casas era un mentiroso” ¿Eso le sorprende a alguien? Pero si no fuera por él no sabríamos nada de la devastación, si murieron diez mil o un millón, ese es un problema de dato, pero nos caló el informe e hizo algo políticamente Las Casas.

Ángel, veo que me tienes que controlar a mí también ¿no?

Ángel Zambrano: (risas) ¡Sí va, Doris! La próxima vez te hago también el ruidito, por ahí viene Francisco y la lleva Lilian y luego Renata.

Francisco: ¿Me escuchan? Qué chévere escucharte Doris, de verdad que nos hace pensar un montón. Mi pregunta o comentario tal vez puede que no sea tan abstracto, eh… Me pareció muy interesante la iniciativa de pretextos, de verdad me interpeló mucho toda esa movida cuando empiezan a vincularse con la gente, toda esa inspiración que tomas de las cartoneras ¿No? Y en este momento tal vez nos mueve la angustia de, bueno por lo menos a mí, de no estar en terreno, de no estar en campo entrevistando o acompañando a la gente en las comunidades, y me gustaría tal vez escucharte, eh… ¿Sobre qué experiencias tienen en pretextos de distanciamiento? ¿Cómo lo han atacado? ¿Qué se ha jugado allí para poder seguir vinculándose con la gente y entre ustedes?

Doris Sommer: Muy bien, muchas gracias por la pregunta porque realmente mi pasión es esa ahora, Pretextos, porque  una cosa es reconocer problemas y convertirlos en desafíos… Y otra cosa es hacer algo, como ustedes están haciendo algo, lo que yo hago es Pretextos porque estoy convencida, junto con muchas personas, que la lecto-escritura es básica para el desarrollo político, económico, socio-emocional, de todo ¿No? Y la gente no lee, ya no lee, por eso la cartonera me parece una iniciativa tan bella también. Eh, y lo que hacemos ahora, y Verónica lo sabe, los invito a todos a mirar… No sé si, sí, miren, voy a compartir, con el permiso de ustedes, voy a compartir, ehm, la página de Pretextos. Es en inglés, Pretext.org ¿Ok? Entonces aquí está el concepto, con lecto-escritura… Lecto-escritura es un arte, no es una ciencia, uno tiene muchas interpretaciones, uno se inventa muchas interpretaciones y en Pretextos inventamos obras de arte con esas interpretaciones, entonces las interpretaciones ya son arte, hacemos más arte y la variedad de interpretaciones nos parece bonita, no es un obstáculo la variedad, es una riqueza. Y cuando reconocemos el placer de las diferencias y la necesidad de comunicarnos, el arte y las lecturas son para comunicarnos, eso es el pilar de la ciudadanía, pero todo ese engranaje es Pretextos y como decimos, que Pretextos es acupuntura terapéutica, con una indicación: “Haz arte de este texto y dime qué hiciste”, activamos todos, lo cognitivo, lo socioemocional, lo político, todo, todo, con una consigna.

En los Estados Unidos ahora está muy popular empatizar la importancia de la educación socio-emocional, como si lo cognitivo fuera nocivo, inhumano, una opresión… Y todos sabemos que sin lecto-escritura no hay vida. En Estado Unidos, los niños varones minoritarios que no sepan leer a los 8 años, o sea, en tercer grado, terminan en la cárcel. Las niñas embarazadas a los 11 o 12 años. Seguramente, en Venezuela pasan cosas parecidas, el que no sepa leer termina mal. Entonces, (mostrando la página web) eso lo decimos aquí en el “Why?”, aquí en “How?” pueden ver algo del protocolo, este… Quiero que vean lo que son los recursos para pretextos a ver si salen.. Ok, recursos, “resources”, ehm… Basura limpia, material reciclado (así como cualquier cartonera, o sea, que usa materiales reciclados), un texto complejo que a nadie le interesa algo que parece difícil, aburrido. A veces le preguntamos a los niños: “¿Qué es lo que más odias?” y allí jugamos con ese libro, lo hacemos trizas y así terminan dominándolo, y finalmente las formas de arte que más le gustan a los niños, a la gente con la que trabajamos.

Pretextos es una educación muy rigurosa, a muy buen nivel, con los materiales que haya, entonces, eh, no sé si… Francisco, perdóname, pero no recuerdo ni la pregunta, solo me entusiasmó tu acompañamiento con pretextos. Dime otra vez la pregunta.

Francisco: No, eh, tal vez era que… Nos compartieras algunas experiencias y aprendizajes de Pretextos en esta situación.

Doris Sommer: Claro, claro, en línea… A mí me ha sorprendido la iniciativa de Tanata Rodríguez en Argentina, porque se inventó un Pretextos digital súper sencillo. Si no hay zoom, porque con profesionales a veces es difícil por el internet, hacemos Pretextos en Whatsapp. Alguien graba la lectura en voz alta, pasa la grabación entre todos y mientras escuchamos el texto hacemos nuestro dibujo como portada de un libro. Después, vemos el texto para sacarle una pregunta al texto, circulamos todas esas preguntas al texto. Y después de hacerle preguntas al texto cada uno en la lista de Whastapp adopta una pregunta de un compañero o una compañera y especula, no sabemos las respuestas pero esto es un ejercicio de imaginación y de redacción, especulamos. Y después, vamos por las ramas, y eso es muy fácil en Whatsapp, uno pone una cita de un texto que le gusta, es un vehículo que actúa como el texto y se multiplican las ramas, no sé si ustedes han tenido la misma experiencia que yo o que mucha gente, donde los maestros en primaria nos han dicho siempre, hasta en secundaria, “No se vayan por las ramas” ¿No? Y sólo después nos damos cuenta que eso se llama investigación; entonces yo digo de manera de manera poco común pero obvia: “Váyanse por las ramas” y cada uno, los niños pequeños y los estudiantes de doctorado, todos tienen que traer algo al árbol que tenga que ver con el texto tronco, allí descubrimos intereses, cosas maravillosas, todo el mundo tiene que ver mucho más pero lee lo que le gusta y después nos instruimos todos, nos inspiramos todos con los aportes de todos. Todo eso se puede hacer, Francisco, en línea.

Yo era muy escéptica, yo soy muy de presencial, de abrazo, de guiños, de cosas, pero se puede hacer muy bien en línea y ahm… Y si entran en la página verán en noticias y eventos hay una página de calendario, en noticias y eventos hay una página que dice “Digital” entra allí y verás talleres en México, en Argentina, la India, en, ahm… No sé dónde más, en Paraguay obviamente lo acabamos de hacer en Paraguay. Eso fue súper interesante porque los intelectuales paraguayos tomaron mucho tiempo para soltarse, para recordar que uno invita a prójimo, para hacer cada uno su obra de arte, su receta de cocina, su poema, ehm, en… En las primeras dos actividades facilitadas por participantes, el facilitador vino con un poema y todos los demás decidieron comentar y agregar algo al poema en lugar de hacer su propio poema y le explicaron, más de uno, que el peso de la dictadura que duró tanto en Paraguay ha creado una cultura, eh, una dictadura cultural. Fue interesante, pero a lo largo de las 15 horas se iban soltando y hay un seguimiento donde se deben juntar semanalmente durante un par de meses para dar cuenta y retroalimentarse, pero yo espero que cale.

La libertad no es fácil. Emmanuel Levinas, uno de mis filósofos favoritos, tiene un libro también con título redundante, se llama: “Libertad difícil”, la libertad es difícil.

Doris Sommer: Muchas gracias, Doris. Eh, por ahí viene Liliana, Renato y John la llevan.

Liliana: Hola, bueno, la verdad tengo muchas preguntas, pero voy a tratar de resumir en tres cuestiones fundamentales. Una de ellas es que la verdad, pensaba mucho, eh, bueno en un cita: “Nada ha cambiado, y sin embargo todo existe de otra manera”, pensando en el hoy y cómo las cosas que se ponen, las experiencia, etcétera, como verlas a la luz de las dinámicas de hoy no solo por la pandemia, sino porque las condiciones para llevar el día a día han cambiado de forma radical. No creo que sea solo por una crisis sanitaria, sino porque esa crisis sanitaria es el síntoma de algo político que está pasando… Entonces ¿Cómo verlo ahora, no? ¿Cómo ser agente cultural hoy en día? ¿Cómo abordar al mundo hoy en día cuando está todo tan evidente? La crisis se ha hecho tan evidente, nos ha dejado en un estado de shock profundo también, o sea, estamos como todavía entendiendo… O sea, se han develado cosas con la crisis sanitaria, que se develan cosas de lo político muy fuertes. Todos estamos como en un estado real de “Wow, ¿Qué es lo que está pasando?” ¿No? Eh, entonces bueno, pensaba mucho: ¿Ahora cómo poder ver la ciudad? ¿Cómo involucrar a la gente en el activismo ciudadano?

Lo otro que te preguntaba también era, por ejemplo, eh, como yo trabajo con contextos que, digamos, bueno, rurales, mujeres indígenas, con otras subjetividades menos urbanizadas, pensaba pues: ¿Cómo realizar esos puentes? Porque muchas de las formas están pensadas para la transformación de la ciudad, pero ¿Cómo pensar, por ejemplo, el hacer el puente que se necesita para una ciudad diferente, que tenga una relación con la naturaleza diferente? Pero tomando en cuenta esas dinámicas de los espacios no igualizados, no sé si me explico, por ejemplo en estos espacios la fiesta es algo natural, las expresiones artísticas, las comidas son un momento de placer enorme en comunidades, etcétera. Entonces ¿Cómo esa redes de comunización, de lo que es la comunidad, podemos más bien traerlas para re-comunizar las ciudades, hacer comunidades en las ciudades, no? Eh, y creo que ese es un reto de los activistas en, eh, todo, como recomunizamos, construimos de nuevo comunidades pensando en esas estrategias que ya actores que viven en comunidades han implementado desde el placer y desde sus artes.

Una tercera que también me generaba y, sobretodo, porque nosotros hemos pasado un proceso muy intenso de relacionamiento con el Estado, de actores que antes, digamos, no tenían un vínculo muy directo con el Estado llegaron, o sea, hubo un puente muy fuerte que se construyó, para bien o para mal, digamos, las lecturas pueden ser diversas pero digamos que también esa entrada, ese constante  entrar al aparato del estado, influyó en el arte y en las políticas culturales, en la desinstitucionalización, en todos estos procesos que en este momento existen en términos del aparato de Estado. Aunado a todo esto, bueno, en este momento estamos sin estructura, por así decirlo, para poder canalizar políticas públicas en términos de prosperidad cultural, es una precarización absoluta entonces también creo que es un reto, pero bueno, no son tanto preguntas si no reflexiones. Dejo eso aquí para dialogar con todos, con Doris.

Ángel Zambrano: ¡Claro! Se vale, se vale. Carlos Javier, si puedes mutear tu micrófono, por favor. Y bueno, gracias Doris, se vale todo eso, son preguntas, comentarios, reflexiones con Doris, todo. Eh… Lancen. No sé si Doris quería comentar algo después de Lili, o si va Renato después de Lili, no sé.

Doris Sommer: Quiero decir que Liliana ha puesto uno de los desafíos importantes sobre la mesa y son temas que más les atañen a ustedes ¿No? O sea, yo puedo hablar en términos históricos pero ustedes conocen el entorno, se conocen los unos a los otros y ah, yo sé que tienen la visión y las oportunidades para consultarse entre sí, yo aquí obviamente escucho. Sí, Ángel, sigamos.

Ángel Zambrano: ¡Claro, Doris! Aquí viene Renato y la lleva Jon.

Renato: Gracias, Ángel. Bueno, Doris, hace un rato hablabas de la creatividad y le decías a Verónica que estas conversaciones se reducen en alguna medida a la creatividad. Eso me puso a pensar varias cosas porque creo que la idea de la creatividad sí puede ser muy sugerente, en efecto, pero también puede ser un poco problemática dependiendo de dígamos, el enfoque. Entonces pensé que como… No quiero reducirlo así, pero creo que hay dos grandes formas en que cada uno entiende la creatividad, o sea, está este asunto así del artista genio ¿No? Individual, que se le ocurren unas cosas que a nadie más ¿No? Y también creo que está, por otra parte y más parecido a lo que tu propones en tu trabajo ¿no? En tu libro, una creatividad que es más como colectiva ¿Sabes? Colaborativa, que tiene que ver un poco con los que estamos haciendo aquí. Intercambiar ideas, plantearnos como pensamientos y creo que hacer esa distinción es fundamental, o sea, pienso yo ahora, pensando en Mockus hacer esa distinción sería como precisamente diferenciar la creatividad en el trabajo de lo que hizo Antanas Mockus, que del cómo se entiende, por ejemplo, la creatividad en este asunto como de la economía naranja ¿No? Por pensar en otro político colombiano, de Iván Duque, ambos piensan un poco en la creatividad pero creo que la piensan para fines totalmente distintos ¿No? Uno la asume como un asunto de transformación social y cultural, por una parte, en la otra  parte parece estar reducida a fines económicos. Seguramente hay más cosas implícitas allí pero parece al principio un asunto ligado al desarrollo ¿no? Yo no sé, pensaba como en eso y me acordaba en un parte de tu libro que me gustó mucho, es en la que hablas del “Grassroots” y que una de las cosas que justamente hizo tan significativo su trabajo fue paradójicamente que no tenían a la cabeza un líder carismático ¿Sabes? Y la idea como de creatividad estaba como diluida en el tejido y en la colaboración, y no era tanto como un gran artista, una gran cosa… Entonces, no sé, pensaba como en eso de la creatividad y de sentirme en varias versiones, digamos, y como uno podría sentirlas. No sé si tienes algo que decir al respecto.

Doris Sommer: Sí, sí, y aquí estamos en un grupo también de muchas personas y todos ocupan la misma cantidad de espacio, por eso como dije al principio me gusta esa dinámica de zoom. Un paralelo a ese tipo de organización horizontal, de Grassroots, es “Black Lives Matter”, eso se inició por un grupo de mujeres que no querían volver a instalar un liderazgo como el carismático de Marthin Luther King. Aunque todo el mundo venera a Marthin Luther King, él era un hombre, una voz, que todo el mundo veneraba, y Black Lives Matter a propósito, decidió lanzarse como equipo horizontal y ahora, dime tú si conoces el nombre de un líder de Black Lives Matters… Pero es un movimiento fuerte ¿sí? Entonces tienes mucha razon, a esos modelos y por eso defiendo la novedad, esto de Schull, casi todos somos artistas, uno que deja de celebrar para callar a los demás… Nada, estoy de acuerdo contigo.

Ángel Zambrano: John, adelante.

John: Doris, yo me quedé pensando en algunas de las palabras que dijiste durante tus primeras intervenciones que eran sobre el ser maestro. Y también acompañando lo que dijo Verónica tocando el libro del “Artista ciudadano”, y de que un poco su función es desafiar, y como que no podemos dejar pasar eso, que el tema de esa figura es desafiar. A mi me queda la inquietud de cómo ser maestro y pienso en el contexto de trabajo, que obviamente no es exclusivo de Venezuela, pero es un contexto muy duro donde se va a trabajar o se trabaja con estas personas que tienen muertes encima, con toda la experiencia y sucesos que están ocurriendo, o que vienen ocurriendo, y que quizás un poco el trabajo ha sido registrar, esquematizar, enlistar esto, hacer memoria y luego esto va a pasar a eso que tu mencionaste, como a esta figura, como el maestro o todos ellos como maestros o artistas ciudadanos, va a pasar a jugar que es lo que pudiera pensarse cuando se va a trabajar con el arte. Ya lo que me inquieta, o sea, lo que yo siento es que en este escenario, es un escenario al que le corresponde este registro, es prioritario, y que tiene una… No sé, por ponerle una palabra, solidaridad, de alguna forma, y que el jugar que obviamente no se refiere a divertirse con esa experiencia, es un manipular, es un intervenir algo ¿Si? Yo siento que cuando pasamos a ese intervenir el artista o el que hace el arte ahí le puede costar deslastrarse de esa solidaridad o de aleccionar, de que el arte también terminen siendo aleccionador y que no pueda jugar con ese tipo de materiales. Quizás no me explico bien, pero recuerdo mucho algunos trabajos que hicimos con niños, pero me los imagino también…  Pasaba un particularidad con los niños pero me los imagino también con otras comunidades, en donde terminábamos trabajando por hacer metralletas de cartón con materiales reciclables, tanques de guerra porque además estábamos en unas protestas importantes en la ciudad o leyendo cuentos que traían el cuento de la violencia, otros temas difíciles como la muerte, y empezábamos a jugar con eso, a crear objetos y eso generaba mucha inquietud alrededor y también dudas a nosotros lo que estábamos operando esa actividad ¿No? Parecía un poco al estilo de lo que tú comentas con Pretextos ¿No? Entonces quienes se asustaban alrededor, compañeros de la comunidad, otros profesionales, les parecía que ese juego con el arte debía pasar a ser un arte o una actividad más aleccionadora, que no los incitara, que no les permitiera jugar con ese material. No sé si me explico ¿No? porque ese juego los iba a conectar o identificar o llevar a eso, si juegas con la violencia o muerte, entonces eres violencia o muerte ¿No? Nosotros no sentíamos que eso era lo que estaba ocurriendo, sin embargo, es un escenario de mucha tensión y de muchas dudas, y es que no es fácil deslastrarse de eso ¿No? Entonces mi pregunta es, no sé si es una pregunta, es como tu reflexión en torno a eso y ¿Cómo ser maestro? ¿Cómo jugar con esto? Porque siento que esto va a aparecer, o bueno, a lo mejor aparece más en el escenario venezolano que yo viví, no sé en otros, pero sí aparecía y era muy frecuente que allí aparece la polarización, aparece de que hay unos buenos y unos malos, y si tu juegas con eso ¿Será que te estás identificando con los malos? ¿Estás vendiendo el discurso de los malos? Pasar eso, pasar del registro, la denuncia, la experiencia a jugar, que es lo que es el arte, a desafiarte, a que vas a manipular eso que  tiene otros matices, otros significados ¿Cómo se hace? Eso, por pensar.

Doris Sommer: ¿Y ustedes trabajan con un equipo de psicólogos o no?

John:Sí, en ese ejemplo en particular muchos de lo que estábamos allí trabajando.

Doris Sommer: ¿Psicólogos?

John: Éramos psicólogos o estudiantes de Psicología, básicamente.

Doris Sommer: Eh, otra vez, la situación supera mi posibilidad de responder. Lo que sí voy a decir, ehm, viene de otras experiencias. Yo no… Ahora estamos empezando a  ver lo que es un país militarizado, la policía aquí se está convirtiendo en eso, pero no quiero hacer una comparación de lo que hay en Venezuela, lo que sí hemos visto mucho es que en Ciudades como Boston y New York son niños traumatizados por la migración, el racismo, por el cambio de país, por distintos traumas ¿No? Y lo que nos ha funcionado, más que invitar a los niños a hablar de sus sentimientos o sus experiencias, es un texto que tienen que leer que no tiene nada que ver, ahí funciona ese espacio vacío, ese patio relacionado a la estética donde cada uno le da el color que le parece, entonces… Si leemos un cuento de Juan Rulfo, un niño con cierta experiencia lo va a interpretar con un dibujo de una manera, otro de otra manera, pero no es nada predecible. Hemos visto que cuando los maestros invitan de manera muy sensible y muy natural a los niños a hablar de sus sentimientos y su experiencia, eso es más peligroso que darles una obra de arte con que jugar… No sé si eso entra un poco en la conversación contigo, Jonh.

John: Sí, bueno, lo que puedo decirte es que hicimos eso, que utilizamos como un material que dejaba un espacio en blanco, y que es verdad que nosotros en cierto momento cuando olfateábamos que ese era el tema que estaba saliendo, evitábamos también hablar de eso porque le veíamos sentido, porque era el jugar, el desafiar, también algo de hablar las conversaciones difíciles que quizás estaban ahí, pero si utilizábamos un material que necesariamente tenía algo que ver con el contexto inmediato.

Doirs Sommer: cuando dices material…

John: un cuento, un cuento de un niño que estaba en su casa y le llegaba un pingüino pues, equis. O estábamos armando una cartuchera con material de  reciclaje, con botellas, cremalleras, entonces estábamos armando y de ahí sale la idea de hacer otro objeto en la conversación libre con los niños que se estaba haciendo en colectivo, sí, sí surge y creo que sí consideramos el espacio en blanco y sí, creo que eso es un poco lo que te… Lo de volverlo a pensar pues, si esa maniobra y lo que ocurre con esa maniobra y esos contenidos es lo que siempre, bueno, creo que hay que irla pensando.

Doris Sommer: Sí.

John: Muchas gracias.

Doris Sommer: Sí, este… Te admiro mucho, a ti y a todos, sí.

Ángel Zambrano: Por ahí Neidalida en el chat decía que esto que se está planteando sobre el artista y su papel le recuerda a lo que dijo Gianni Rodari en “El arte en la escuela” y abre comillas: “No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”. Luego, Carlos Javier lanzó una flor y dice que conocer pretextos para él ha sido fascinante porque hasta ahora no conocía una metodología que verdaderamente expresara el pensamiento complejo, donde puede haber un diálogo cercano entre vida cotidiana, arte y ciencia, ehm, eso por el chat, Doris. Y por ahí llevaba… No sé si quieres comentar algo sobre eso, pero la lleva Eduardo.

Doris Sommer: ¿Carlos ha participado en un taller de pretextos? ¿Carlos? ¿O solo…?

Carlos Javier: No, he visto los vídeos.

Doris Sommer: ¡Ah, los vídeos!

Carlos Javier: Los videos de las experiencias y me parece fascinante, de verdad fascinante, porque se pueden vincular las tres cosas. Generalmente uno ve, sobretodo de las ciencias, que es una cosa como muy árida para los chamos, para los jóvenes o para la gente que no está vinculado a la vida científica, de repente traer un concepto duro de neurociencia, por ejemplo, sobre el cerebro y cómo el cerebro es el soporte donde te puede enamorar, sentir, vivir, aprender. Entonces cuando vi los vídeos en Youtube de tu trabajo, me pareció súper bello y además lo vinculé con los trabajos de Morán de pensamiento complejo, que él justamente aboga y promueve la posibilidad de que haya un entre distintas ciencias y que no hay una categoría de ciencias duras ni suaves, sino que hay la posibilidad de que haya un nexo orgánico entre ellos. Ver ese método me entusiasma mucho, claro, quiero verlo como a detalle, pero me parece fascinante acercarme a eso.

Doris Sommer: Súper. Miren y estén atentos en la página web de pretextos, porque de vez en cuando ofrecemos talleres de capacitación donde uno puede inscribirse en línea, no importa dónde esté uno. Muchas gracias, Carlos.

Carlos Javier: Buenísimo, Doris. No, gracias a ti.

Ángel Zambrano: Gracias, Doris. Bueno, ahora viene Edu, y la llevan también Alejandro y Malu. Edu, te escuchamos.

Eduardo: ¿Se oye bien? ¿Se oye?

Doris Sommer: Se oye apenas.

Eduardo: ¿Apenas? Déjame quitar el micrófono… ¿Así me oyen? Bueno, los audífonos a veces hacen de las suyas. Bueno, primero que nada es un halago, Doris, escucharte y escucharlos a todos, el dilema de todos los ejercicios, iniciativas y aspectos en los cuales estamos inmersos ¿No? Y precisamente escuchando a mí me surgió una inquietud, una pregunta, un dilema ¿No? Para compartir y quisiera saber si de pronto nos puedas dar algún asomo, una referencia, una experiencia, algo… No sé, yo a veces me siento cercano a ese Angelus Novus de Benjamín, de Paul Klee, ese ángel que tiene las alas atrapadas en la tormenta y lo que ve apilarse ¿No? La cantidad de víctimas, de sufrimiento y demás ¿No? Y tenemos mucho tiempo en un país en colapso, que además tiende una y otra vez a la polarización, y en esos movimientos a generar grandes oleadas ¿No? Grandes olas que van hacia un lado o hacia el otro y mi gran inquietud también es, bueno, uno siente una urgencia porque existan muchas de estas pequeñas experiencias, cada una en sus escalas, y puedan de alguna manera fluir, pero la tentación siempre presente a veces ¿No? Del campo de la política, porque también de no entender a veces el trabajo que uno está intentando hacer, a veces en esa pequeña escala, y entonces yo siento, me inquieta cómo preservar la agencia que uno puede tener para desarrollar y cultivar ese trabajo artístico, pedagógico, cívico, con el ritmo y el tiempo que le pertenece con esos interlocutores ¿No? Que son las personas con las cuales uno va haciendo comunidad, con la cual uno va creando como uno más y eso es una gran… Me inquieta mucho, bueno, porque uno sabe que posiblemente va a volver a entrar en otra ola, uno se encuentra inmerso en precisamente esas olas totalizantes ¿No? Y hay una fuerza instrumentalizadora que entonces elimina o emborrona esa finalidad sin fin ¿No? Que antítesis, nos llama y nos pone a ir tras una finalidad que fácilmente el poder secuestra o que nos adherimos a esa movida del poder sin preservar, entonces, ¿Cómo preservas? ¿Cómo cuidas ese pequeño patio?

Doris Sommer: Eso es algo de… Recuerdo que fue parte de Liliana también, de cómo no vender el alma. Mira, yo que soy muy limitada de experiencias, si pienso en las situaciones generales, son tan fuertes que me agobian y me paralizan, entonces termino prefiriendo la miopía. Yo soy miope, y lo que veo desde esta distancia corta es la educación, es lo único que veo, si logramos educar de otra manera ustedes a media docena, cada uno media docena de jóvenes, que saben que aprender, leer, conversar, es normal… Entonces, pueden ser libres. No sé cómo convertir eso en movimiento, ustedes sabrán, pero en el día a día, muchos de ustedes son maestros, y los que no sean maestros pues muchos son psicólogos que tienen en sus manos la formación de nuevas generaciones, si pueden instalar…  Por lo menos, esa ha sido mi salida ética. Yo no sé qué hacer en este país que es muy grande, muy poderoso y también se está desmoronando ¿Si? Entonces, lo único que sé hacer es librar a la gente de sus estructuras jerárquicas, dictatoriales, mentales. Es increíble cómo la gente se acostumbra y piensa que es normal seguir un líder, increíble, es increíble pensar en lo naturalizado que es el sexismo, les doy un ejemplo, o sea porque la jerarquía se siente de muchas maneras y las mujeres sabemos una más… Les doy un ejemplo, a nivel internacional, a nivel global, hay un pico en violencia doméstica casi incalculable, casi incalculable. Yo vi una cifra en Brasil y le dije a mi asistente: “Por favor, mira otra vez el número porque seguramente debe haber un punto ahí en 431% de aumento, seguramente es 43” y lo mira y consulta, y es así 431% de aumento en violencia doméstica y se sabe, a través de las redes sociales informales porque ya las mujeres no pueden salir a hacer denuncias. Ni en Brasil, ni en Paraguay, ni en México, ni en Francia, es mundial. Eso no le sorprende a nadie, con eso vivimos, ¿Verdad? En Sao Paulo anuncian diariamente que mujer ha sido asesinada por su pareja… Seguramente hay más de una, pero siempre  hay una. La sorpresa que me llevo es la siguiente: yo me imagino que los hombres atrapados en su casa se aburren más que las mujeres, las mujeres sabemos que hacer en la casa, siempre hay algo por hacer, veo que las compañeras sonríen, algunos compañeros también ¿Qué hace un hombre atrapado en su casa? ¿Ah? Si no es artista con su estudio en su casa… ¡Pues enloquece! Se aburre y con el aburrimiento uno puede ser o creativo o violento, no es estable, no es una situación estable y el aburrimiento, hemos averiguado, se ha estudiado en mucho espacios, yo sé que se estudiado mucho en las escuelas preparatorias en los Estados Unidos porque es una razón de la deserción,, pero se ha estudiado en escuelas, cárceles, ejércitos, en campamentos científicos y en todos esos casos el aburrimiento lleva a la violencia; los niños, los jóvenes aburridos en las escuelas secundarias preparatorias son los bullies. Díganme ustedes que si hay un estudio, uno singular, un algo, que se dedique al aburrimiento a 0… Nada.

No vemos la casa como un espacio de confinamiento que se siente como prisión para muchos hombres, o sea, a lo que voy es que a veces lo más íntimo, lo más obvio, donde mejor podemos intervenir es el entorno inmediato, y hay que aprovecharlo. Lo que hacemos ahora en agentes culturales es buscar interesantes maneras de enganchar a los hombres aburrido, y no sólo entretenerlo. Tenemos amigos futbolistas, yo sé gracias a Vicente que sería béisbol para ustedes, pero tenemos amigos futboleros que si van a la otra página web de agentes culturales verán que lanzan desafíos. Un futbolista ya jubilado, porque tiene 40 años, les enseña a los televidentes cómo mantener una bola en el aire pasándola de un pie a otro por un minuto entero y le dice a los televidentes: “Hagan eso y mándenme un vídeo” y han recibidos vídeos. Los hombres tardan mucho tiempo en refinar la técnica, y les mandan videos. Ahora, queremos multiplicar las actividades. Yo supe, gracias a este proyecto, que se llama Football Viral, que el Athletic Club en Bilbao tiene un club de lectura, tienen festivales de lectura, entonces la socia Tabata Rodríguez, va a poner un club de lectura de Football Viral, vamos a hacer concursos de novelas gráficas, eso toma mucho tiempo y la gente se apasiona con el tema. Hay los que nos dice: “¿Qué? ¿Ustedes van a dedicarle más tiempo y atención a los victimarios? ¿A los hombres? ¿Darles más placer en casa? ¿De qué se trata eso?” entonces, por ese lado tenemos ese problema de ver la casa como un lugar ameno, cuando puede ser un lugar peligroso y segundo, tenemos un estigma en contra del placer, especialmente cuando se dedica a los hombres ¿Y qué tal que fuera un remedio? Hay unas feministas tan molestas con los hombres que no quieren ni remedios, solo quieren deshacerse de los hombres (risas).

Entonces, tenemos muchos prejuicios, vuelvo a lo de Emmanuel, tienes razón, tenemos muchos prejuicios y hay que empezar curándonos de esos prejuicios internamente, pero vuelvo a apostar por la educación igual.

Ángel Zambrano: La llevan por ahí Alejandro, Malu y Ryan.

Alejandro: Bueno, la verdad no tenía propiamente una pregunta, solo un comentario de que también he estado muy inspirado como mis compañeros con la lectura del libro y quiero más bien contar que en Maracaibo, creo que somos dos personas de Maracaibo que estamos en este grupo y una, que es Neidalí, que ya participó pero no está exactamente ahorita en Maracaibo, pero contar la historia de una grata sorpresa, de conseguirme a Eloísa Cartonera en el libro porque en Maracaibo, en el Centro de Bellas Artes donde yo trabajé varios años llevando la programación cultural, trajimos a Eloísa Cartonera y por dos años seguidos hicimos un festival que se llamaba “La Feria del Libro Ensamblado” en la que aplicábamos la dinámica de Eloísa Cartonera para Maracaibo, para los invitados de Maracaibo, y la gente le entraba. Veo que es distinta a la de Pretextos porque quizás nosotros lo que hicimos era que la gente entraba a participar y, con los textos que ya tiene Eloísa Cartonera editados, impresos, la gente salía de allí con un libro. Aparte le fuimos agregando cosas, por ejemplo la gente no solo se llevaba un libro sino que hacía su serigrafía, su primera serigrafía que acompañaba al libro y era la portada del libro, no llegábamos a la parte en la que tomábamos el texto, tomábamos el contenido y creábamos. A partir de eso pero sin duda, no es mi meta que ese festival tenga solo dos ediciones, pero no se han hecho más por razones obvias, pues me anoto en la idea de llevar a la gente más bien a participar, a tomar el texto como la fuente de la actividad y no a tomar un libro, que parece que se queda corto, y ahora con esta idea de Pretextos agradezco y voy a seguir investigando, profundizando de la experiencia y cómo puedo mejorar para la tercera Feria del libro Ensamblado y llevar la experiencia de pretexto en la práctica. Nosotros trabajamos más que todo con adultos, pero creo que haría falta lograr que el año que viene,, en 2021, realmente tener esa experiencia y poder contarles que logramos tenerla, hacérselas llegar a todos aquí, incluso a ti Doris, para que sepan qué estamos haciendo en Maracaibo que pareciera ahorita una ciudad como golpeada y calurosa de Venezuela. Así que muchísimas gracias.

Doris Sommer: ¡Maravilloso! Maravilloso, Alejandro. Te cuento que nosotros también logramos trabajar con Eloísa Cartonera, fue invitada por Roberto Jacobí en un taller, tenía un taller que se llamaba “CIA” por Centro de Investigación Artística. Y me invitó y yo dije “What ¿Aquí en Buenos Aires? ¿Puedo hacer Pretextos en Buenos Aires? ¿Invito a Washington Cucurto? Y lo invité y se quedó el primer día nada más, lo único que le interesó fue hacer un libro y después se fue. O sea, el contenido para él era fácil de leer, él es un gran lector, no quería considerar que los niños de Buenos Aires no leen. Aunque él le da consejos a los jugadores de fútbol que pierden, les dice: “Si fuesen mejores lectores sabrían estrategias” (risas). Pero me encanta tu plan, Alejandro, este… Me cuentas cómo les va, maravilloso, gracias.

Ángel Zambrano: Malu, te escuchamos.

María: Hola, hola, Doris. Genial el encuentro con todos. Ehm, disculpen que llegué tarde, estaba en otra reunión que se alargó mucho. Bueno, yo soy artista y estoy agradecida de que los chicos me hayan invitado acá aunque para mí también sigue siendo un reto porque yo soy artista, formada en la academia de arte, que en momentos de estar como en tránsito del estudio en la academia pues me empezó un descontento por ese mundo del arte en el cual estaba entrando, en el cual me estaba formando porque bueno, todos sabemos que el mercado de los egos, de las seducciones y tales… Entonces, al salir de allí hice como una especie de migración del arte por el arte, al arte de denuncia podría ser, un arte con otras cosas, un arte que defiende, etc. Y la verdad es que los últimos años me he centrado es en eso, hubiese querido conocer tu libro, Doris, con mayor prontitud pero creo que las experiencias allí planteadas nos enseñan un montón, es como un referente también que puede servirnos mucho porque, bueno, a ver yo que trabajo desde el arte de manera individual y no pertenezco a ninguna organización, pues todo para mí tiene que partir de un pensamiento artístico hacia una solución artística porque ese es el espacio donde yo trabajo, donde yo opero. A pesar de que al principio tú decías que no todo debe analizarse desde el punto de vista estético, en mi caso siempre estoy como en esa contradicción pero termino concluyendo en que sí, todo tengo que verlo desde el punto de vista estético porque esa es el área en la que trabajo.

Entonces, siempre mi reto es cómo trabajar desde el arte estos fenómenos sociales sin sentir que nos estamos aprovechando de ellos, que es un poco la inquietud que todos compartimos acá en este momento y en otros espacios. Por ejemplo, en experiencias con sobrevivientes de violencias que he tenido la oportunidad de trabajar, un poco el tiempo siempre se me va, mucha reflexión y muchísima angustia, en encontrar la manera de comunicar esa experiencia de forma respetuosa, de forma que la persona esté consciente de lo que se está haciendo y que de alguna manera apruebe, aunque a veces hay que hacer concesiones porque estamos dialogando ¿No? Porque yo también soy una persona que está involucrándose allí y pues, que tiene una manera de ver las cosas, entonces, este… Es eso pues ¿cómo trabajar desde allí de la forma más respetuosa? Por ejemplo, viendo un poco la metodología Pretextos que tú presentabas, tengo claro que es una metodología pedagógica, yo empecé dando clases en la universidad aunque ya hace 6 años que me fui porque aquí en Venezuela ser profesor universitario es como (risas) someterse a la esclavitud y no pude seguir dando clases en la universidad, entonces terminé enfocándome en mis proyectos artístico y en algunos espacios de enseñanza más informal como talleres libres, pero considero que el reto cuando trabajas con comunidades de riesgo, por ejemplo, el año pasado estuve dos meses en Colombia trabajando con grupos de la migración venezolana que están transitando el territorio colombiano, y sentía que el reto era cómo trabajar con personas que no saben leer y escribir. En ese momento me encontré personas, hombres de 23-24 años, que venían de Venezuela a Colombia, que hacíamos algunos ejercicios y ellos me decían: “Mira, en verdad, no puedo hacer tal cosa porque no sé escribir” o cómo trabajar con niños, cómo trabajar con grupos diversos, también me ha tocado, por ejemplo, trabajar al mismo tiempo con adultos y niños y hay que buscar una metodología que de alguna manera les sirva a los dos, cómo trabajar cuando tienes poco tiempo para estar con esa gente, por ejemplo, de pronto estas personas están en un lugar donde se están dedicando a otra cosa y tú tienes poco tiempo para abordarlos y desarrollar una actividad que genere un cambio mínimo que permita dejar algo en el tiempo, ¿Cómo elaborar metodología? Por supuesto, la lecto-escritura es fundamental, pero ¿Cómo hacer en casos donde ni siquiera es una opción? No es una pregunta para ti, simplemente son reflexiones que se pueden hacer y que aparecen, es buenísimo que podamos estar contigo y que lo podamos conversar contigo pero es que es una pregunta que podríamos verla desde la experiencia también.

Doris Sommer: Sí, sí, Malu, me gustaría comentar algo. Eh, lo que tú describes de tu perfil profesional ahora me recuerda a lo que formula de manera muy clara también Alfredo Jaar, cuando da conferencias dice: “Yo tengo tres partes de mi perfil profesional. Soy artista, hago obras para coleccionistas, museos, lo que me compren; soy intervencionista cultural, a veces me encargan un proyecto para resolver un problema en tal ciudad, no voy a dejar un proyecto de arte, pero voy a crear una solución que ellos no ven. Y en tercer lugar, soy maestro de arte” entonces, con esas divisiones no entra en conflicto consigo mismo, trata de controlar el tiempo y los recursos porque cada uno ocupa un lugar y no otro, o sea, quería decir que eso es quizás normal y… Noble, en un artista profesional, ver que tiene otras tareas. Un teórico que me gusta mucho al respecto es Luis Camnitzer, él dice que el artista latinoamericano es necesariamente conceptualista, necesariamente, eso se traduce en los tres papeles que tiene: es poeta, porque hace cosas nuevas; es político, porque interviene con su arte y es profesor, porque enseña a hacer, pensar, mirar de otra manera. Entonces sin conocerse quizás, Jaar y Camnitzer,  también articulan lo que acabas de compartir con nosotros.

Ahora, nosotros hemos trabajado y seguimos trabajando con mucha gente que no sabe leer, pero ¿Qué hacemos en pretextos? Sabemos que alguna gente no sabe leer pero casi todos no quieren leer ¿Cuántos jóvenes conocen ustedes a quienes les gusta leer? ¿Cuántos adultos conocen que siguen leyendo mucho? ¿Me entiendes? Estamos en una crisis de lecto escritura, sabiendo muy bien que todo depende de la lecto-escritura. Historiadores y sociólogos, díganme si hay un estudio de desarrollo que no tenga la lecto-escritura como indicador… Ok, entonces, ¿Cómo empezamos? Pues empezamos con otra práctica muy bonita, tenemos los fanáticos de la Cartonera, hay otra práctica popular latinoamericana y es bellísima, es el lector de la tabaquera. No sé si en Venezuela se produce tabaco.

María: Sí, sí se produce Tabaco.

Doris Sommer: Ok, y los trabajadores, los torcedores del trabajo, no encargaban a una persona con una voz no muy bonita, a leerles mientras torcían el tabaco. El lector de la tabacalera es una tradición preciosa y la podemos no solo rescatar, sino difundir, multiplicar, es muy bonito. Y cuando la gente lo hace bien, se convierte en cuentacuentos, pero eso es una linda tradición ¿A quién no le gusta escuchar leer? Incluso si no saben leer, por eso lo que hacemos en Pretextos es invitar a alguien en el grupo a leer el texto que tenemos ¿A quién le gusta leer en voz alta? Dos o tres personas se apuntan y decimos que lo que ustedes decidan, decidan el que quiera leer, las que quiera leer, se prepara para no encontrar palabras que le sorprendan mientras nosotros nos preparamos a hacer la cartonera, en vez de hacer tabacos en la mesa, hacemos libros y después de escuchar el texto, todos le hacemos una pregunta: “¿Por qué dijo tal cosa esa persona? ¿Y el principito si tiene un planeta, dónde está su mamá?”. Cada uno hace su pregunta ¿No? Cada uno hace su… Y todas las preguntas son distintas, algunas convergen, pero todas son distintas y allí nos damos cuenta que nosotros somos capaces de sacarle una pregunta, una o dos, pero hay treinta. Y ya nos interesamos no solamente en el texto sino en el grupo.

Y si, digamos, estás con un grupo que no sabe leer pero hay dos personas allí que sepan leer, pues una actividad puede ser… Esto lo hicimos con una pintora, ella preparó chalecos de dos lados ¿No? De papel con una letra muy grande de un lado y otra letra muy grande de otro lado, y después les decía: “Miren, vamos a hacer coreografías para escribir dos palabras de este textos” y los niños tienen que organizarse para hacer una palabra con esas letras, y después voltearse y hacer otra palabras; las coreografías son chistosísimas, dura mucho tiempo, los niños no tienen tiempo para pelearse y aprenden a leer con bailes, con chistes, con errores y aprenden a leer. Cuando nosotros recibimos un grupo que no sabe leer, nos atañe buscar una solución creativa para romper el hielo, la persona que no sepa leer además se aburre y si es varón es malo para las mujeres (risas).

María: Así es, Doris. Gracias.

Doris Sommer: O sea ¡Eres artista! Saca algo de la manga, vendrá, date permiso para inventar cosas en la lecto-escritura así como en otros desafíos.

Maria: Sí, un poco lo que hemos hecho también es dibujar, dialogar, conversar, sobre todo a los hombres les da mucha pena reconocer que no saben escribir. A veces no es que no sepan, sino que lo hacen muy mal pero al final lo saben hacer, sí.

Por ahí quizás también quería que contaras un poco de ahí, porque yo nunca he tomado la lecto-escritura, la lectura como eje central de trabajo, quizás me nace más como el dibujo porque es algo más libre, quizás.

Doris Sommer: Para ti, pero una cosa que hacemos en pretextos es que la facilitadora empieza… “Ahora vamos a dibujar, les enseño dos o tres conceptos”, siempre empezamos con la cartonera dibujando pero después la facilitadora le dice al grupo: “¿Y ahora qué quieren hacer con el texto? Ustedes decidan, quieren bailarlo, cantarlo, hacer adivinanzas ¿Qué quieren?”. El niño que quiere bailarlo nos da una propuesta y nosotros trabajamos la propuesta hasta que nos guste. Y ese es el momento de co-construcción, es el momento más fuerte, un momento que no había existido antes de la conversación. Parece cosa tan sencilla pero es súper política, uno viene con una propuesta a que todo el mundo haga preguntas o cuestionamientos y después puede que quizás a ti no te guste bailar el texto, pero a un niño sí y al otro también, y tú te pones en el baile para hacer el oso, como dicen el Colombia, lo primero que hace falta en Pretexto es perder la dignidad, porque eso sí es un obstáculo. Y tú dibujas mejor que ellos pero ellos bailan mejor que tú. El texto tiene otra entrada más, otra hebra se sacó, y ahora ¿qué hacemos?

María: Ahí vemos. ¡Gracias, Doris!

Doris Sommer: Gracias a ti, Malu.

Verónica Zubillaga en Prodavinci: “Entonces, ¿nos quedamos de brazos cruzados?”

Verónica Zubillaga, fundadora de nuestra red, socióloga, investigadora y profesora universitaria, ofreció recientemente una entrevista a Hugo Prieto, para Prodavinci.

Zubillaga habla sobre la agudización de la militarización en el país, a partir del año 2013. Nos habla de un país en el que históricamente ha habido una impronta de militarización de sus fuerzas del orden, y en el que en años recientes, las poblaciones vulnerables han sido víctimas recurrentes de los operativos de mano dura y sus consecuencias. Ante la pregunta de Hugo Prieto, sobre si se puede ser optimista en un contexto así, Zubillaga alude a la opción, siguiendo a Viktor Frankl, de un optimismo trágico. Es trágico porque no es la ingenuidad del optimismo, pero tampoco es el nihilismo. Es un optimismo realista, que se ubica en condiciones extremas, pero en el cual se delinea un horizonte, en el cual uno se quiere encaminar.

¿Qué caracteriza lo que se denomina «punitivismo carcelario»?

El punitivismo carcelario se inserta dentro de una historia de militarización de las fuerzas policiales. En ese sentido, además, tenemos una relación muy autoritaria del Estado hacia los sectores populares. Eso lo revelan las investigaciones de Tosca Hernández desde los años 80 y se expresa en la legislación (la Ley de vagos y maleantes), en las acciones policiales (redadas) y en el discurso (la célebre y oscura frase del general Belisario Landis cuando caracteriza a un joven, habitante de un barrio, como un «predelincuente»). Y lo que sucede, a partir de 2010, y en paralelo al proceso de reforma policial, es que se despliegan operativos militarizados como el Dispositivo Bicentenario de Seguridad (Dibise). Por un lado, con la mano izquierda, llevas adelante una reforma en la que se está debatiendo la impronta autoritaria de la policía y, al mismo tiempo, con la mano derecha, estás lanzando operaciones militarizadas represivas. A partir de ese año se encarcelan, masivamente, a hombres jóvenes que habitan en los barrios.

A estas alturas, creo que nunca hubo voluntad política de llevar adelante la reforma policial. Es decir, el control de las armas, de las municiones y una política claramente preventiva del delito. Lo que hubo, más bien, fue una maniobra del señor Hugo Chávez para atraer competencias y construir la idea de consenso alrededor de un supuesto cambio en el tema de la seguridad ciudadana.

Hay que decir que las políticas militarizadas han tenido apoyo de los gobiernos de la IV y de la V y, si miras las encuestas, hay un consenso entre grupos del chavismo y de la oposición de aplicar políticas de «mano dura». Es decir, más allá de la orientación política, hay coincidencias sobre la forma en que se enfrentan los problemas sociales o la criminalidad. Pero en 2007 se abrió un espacio para que distintas voces —provenientes de universidades, de organizaciones sociales, de organizaciones defensoras de derechos humanos, incluidas las de orientación más oficialistas— para que se debatiera el papel que juegan las policías y su relación con los sectores populares y el uso de la fuerza. Ése fue el proceso de la reforma policial. Entonces, no era sólo el designio o la voluntad de Hugo Chávez Frías. Así mismo diría que hay un cribaje de la sociedad venezolana, más allá del chavismo y de la oposición, caracterizado, primero, de una relación muy autoritaria con los sectores populares, de mucha distancia y, segundo, de darle la espalda a esa realidad.

Ese debate concluye y se produce una respuesta militarizada. ¿A partir de 2010 se produce un cambio cualitativo?

Diría que en un trasfondo de autoritarismo hay una exacerbación de la militarización. Ese giro no sale de la nada. Se acentúa a partir de 2013, en un contexto en el que colapsan los precios del petróleo y la propia industria petrolera. Por otro lado, ya no tienes la figura aglutinante de Hugo Chávez. Viene entonces una fase mucho más acentuada de militarización, en la cual escuchamos «el discurso de la persecución» y del «enemigo interno». El tema de las armas, por ejemplo, lo ves en la multiplicidad de actores armados o en el mapa de actores armados que tenemos en la actualidad.

Justamente, en un contexto de contracción económica a niveles increíbles, de hiperinflación, de pobreza generalizada y, finalmente, de emergencia humanitaria compleja, el gobierno del señor Nicolás Maduro profundiza su política de mano dura. ¿Cómo se vive esta realidad en los barrios de Caracas?

Quisiera contextualizar que las políticas de «mano dura» no son exclusivas de Venezuela. Es un tipo de políticas que ha prevalecido en América Latina. La tienen en Centroamérica y en Brasil claramente. El resultado de esta política, al menos en Centroamérica, es que hay una reorganización del mundo criminal para responder a la guerra. Y algo predecible: la escalada de violencia. Entonces, la política de «mano dura» en Venezuela se enmarca en ese patrón común de América Latina.

¿Estamos ante un aporte de América Latina para el mundo?

Sin duda, sin duda. Esta impronta militar, esta persecución, es un modelo claramente latinoamericano. En El Salvador, a comienzos de este siglo, se aplicó la política de «mano dura», siguió el incremento de los crímenes —particularmente de los homicidios— y como respuesta, el Estado lanza la «política de súper mano dura», lo que se logró fue que se terminaran de conformar y de fortalecer las maras (verdaderas estructuras del crimen organizado). Algo similar ocurre en Brasil, con este grupo conocido como Primer Comando de la Capital.

Volvamos a la inquietud inicial. ¿Cómo se viven estas políticas en un barrio?

El paroxismo de «la política de mano dura» fue la OLP (Operativos de Liberación del Pueblo). Te puedo hablar de todos los trabajos que hicimos en la Cota 905. La gente lo vivió como dos años de una invasión bárbara. Es decir, una invasión de diferentes funcionarios de cuerpos policiales, con capuchas, fuertemente armados. Lo llamativo, el patrón sistemático que arrojó las entrevistas que hicimos, es que en el contexto de escasez de alimentos y de bienes de primera necesidad, a la gente le robaban la comida, los teléfonos celulares, pañales. Realmente es una forma de depredación muy sistemática. La gente decía: «Vienen los de negro los lunes».

Una cita del estudio: «Irrumpieron semanalmente, varios días a la semana, por más de dos años». Quisiera detenerme en las implicaciones de esta frase. Un cálculo, extremadamente conservador, arroja que —en sólo un año— hubo 108 operativos policiales, todos en la Cota 905. Diría que no se trata de establecer el control, sino de infundir el terror.

Por esa razón acudimos a conceptos como Necropolítica, del filósofo camerunés, Achille Mbembe (una política de muerte contra un sector de la población, a la que se somete a un estado de excepción y de enemistad rutinario, que se haya en la base de la práctica estatal del derecho de matar). Es un Estado, como dice Mbembe, mortífero. La población se siente acorralada por los distintos poderes armados, porque es cierto que hay grupos criminales organizados, con los cuales se convive, digamos, como lo señala la literatura, una forma de gobernanza criminal. Y, al mismo tiempo, tienes la invasión armada por parte de las fuerzas policiales. Sin duda, es la zozobra como forma de vida.

Verónica Zubillaga retratada por Karina Aguirrezabal | RMTF.

¿Qué derechos ciudadanos están suspendidos en esos operativos?

Los derechos más básicos, comenzando por el derecho a la vida, el derecho a la preservación física. Lo que le oí decir a una señora. Aquí vivimos como los monitos, «no podemos ver, no podemos hablar y no podemos escuchar». Y eso es casi como la vida biológica. Es decir, no tienes ningún derecho.

La tesis que prevaleció en el chavismo: hay una relación directa entre pobreza y la delincuencia. Si la pobreza se disparó en Venezuela a partir de 2013, lo que cabía esperar era el endurecimiento de la política de «mano dura». ¿Por qué habría de sorprendernos?

No, no. Aquí pasa algo que va en contrasentido a esa tesis. Los estudios dicen que a mayor pobreza —o desigualdad— mayor violencia. Pero en medio de los ingentes recursos que Venezuela percibió por el petróleo y de las políticas redistributivas del chavismo, comienza a incrementarse la violencia. ¿Por qué? Con un grupo de investigadores tenemos una hipótesis: en medio de la bonanza económica hay una lucha interna dentro del Estado y, por lo tanto, una fragmentación. Lo que impide, por un lado, que se apliquen políticas estructuradas, a la vez que se incrementa la política de «mano dura» y con ella la respuesta de los grupos del crimen organizado. Además, bajo la premisa de que esto es una revolución pacífica, pero armada, haces una inyección de armas a la población y se pierde el control de las armas. Hay, por ejemplo, un flujo de municiones de las industrias militares a los grupos delictivos. Entonces tienes una confluencia de factores que en Venezuela producen un incremento de violencia muy importante. Vemos mucha fragmentación y el proyecto bolivariano de crear un nuevo Estado termina siendo un fracaso. Lo que tenemos actualmente es el desmantelamiento del Estado social y mucha violencia policial e interpersonal.

Citemos dos frases del libro. La primera, dicha por el general Antonio Benavides: «El destino final de todo delincuente es la cárcel o bajo tierra». Y la segunda, un tuit de Freddy Bernal: «¿Cuántos funcionarios policiales y civiles deben morir? Hay que tomar policial y militarmente los corredores de la muerte de Caracas». ¿Cuál es el poder que hay detrás de estas palabras?

Yo le vengo haciendo seguimiento a ese discurso de muerte. Diría que uno lo viene escuchando desde la década de 1990. Por ejemplo, aquel gobernador del estado Lara, Orlando Fernández, que decía: «No crean los delincuentes que mis policías los van a proteger de los linchamientos. Allá ellos que mueran». Entonces, son discursos que legitiman la matanza como formas de control. Por supuesto, son matrices discursivas muy peligrosas, porque se termina instalando esta suerte de relación necrofílica, en la que hay, si se quiere, una legitimación social de la matanza. Lo compruebas cuando una madre te dice: «Bueno, si mi hijo hubiese sido un malandro, pero mi hijo era sano». ¡Caramba, es como si en este país hubiera pena de muerte! Eso es lo grave. Son discursos, desde posiciones de poder, que vienen legitimando y justificando la muerte como forma de la política. Es lo que esta antropóloga brasileña, Martha Huggins, llama la instalación de una maquinaria de la atrocidad, porque se instala la muerte como patrón desde el Estado.

El saldo más reciente de la atrocidad policial arroja 23 muertes violentas registradas en la parroquia La Vega el pasado fin de semana. Una masacre. ¿Qué reflexión haría alrededor de este operativo?

Ha sido una época muy dura, precisamente, por este signo de la muerte. Añadiría también los muertos de Güiria. Son muertes por negligencia y por inanición. Es decir, son dos caras de la muerte y de la relación del Estado con la población. Uno es la muerte de una población desamparada que huye de esa manera. Uno esperaba un discurso estatal de lamento y de duelo, pero no. Es un discurso de culpabilización. Algo así como «bueno, allá esa gente que sube a un barco para ocho personas, pero subieron cuarenta». Entonces, una cara es por desamparo y la otra es por acción directa y en una sola jornada mueren 23 hombres de los sectores populares.

¿Podría hacer un retrato hablado del hombre joven y pobre, que muere a manos de las fuerzas policiales del Estado?

En aquel discurso fatídico de Belisario Landis, que jamás podré olvidar, él dice: «lamento que hayan muerto estos predelincuentes en enfrentamientos entre ellos o con la policía». ¿Predelincuentes? Predelincuentes somos todos. Y lo que llama la atención de este discurso es que lo hace una figura desde una posición de poder, que no condena esos hechos, que no llama a una investigación, sino que sólo lamenta. A lo largo de mis trabajos he señalado la implicación de ese hombre joven, moreno, de barrio. Es como tener una impronta, una marca, donde estás expuesto al riesgo de muerte por parte de las fuerzas policiales, nada más por tener ese sino.

¿Qué elementos tendría que haber en el horizonte para cambiar esta situación?

Allí, por supuesto, hay un trabajo muy arduo de rescate de la ciudadanía, de derechos y del valor sagrado de la vida. Es decir, el ciudadano cuenta como tal y es una persona con derechos. Es un trabajo de recuperación muy importante. Diría que han venido articulándose grupos, organizaciones, que están trabajando en eso, que están produciendo un discurso de ciudadanía para contrarrestar el discurso de muerte. Diría, además, que hay que saldar las deudas históricas a las cuales el chavismo no respondió, a pesar de la esperanza que sembró en la gente, digamos, los derechos sociales de los sectores excluidos. El desafío no es sólo en términos de políticas públicas estatales, sino de una cultura que recupere, que internalice, de nuevo, el valor de la vida y la ciudadanía como concepto materializado en derechos como salud, educación y vivienda.

Lo que ha habido es impunidad y una parálisis de la justicia.

En contextos donde se han experimentado violaciones masivas a los derechos humanos, tiene sentido comenzar a prepararnos y a formarnos en procesos de justicia transicional, que son muy amplios y que se tienen que ajustar a la historia particular de cada país. Pero un proceso de tales características implica examinar el pasado y aprender de esta historia. Cuando hablamos de esta relación muy autoritaria por parte del Estado hacia los sectores populares, bueno, tenemos masacres históricas como la de Cantaura, la de Yumare, el Amparo, el Caracazo. El chavismo, como promesa, emerge como respuesta a un Estado muy autoritario, que en la década de 1990 se convirtió en muy excluyente. Entonces, se trata de un examen del pasado para fraguar, precisamente, un horizonte común donde podamos caber todos en este país.

En distintas oportunidades, las fuerzas vivas de la sociedad venezolana —las academias, los gremios, las organizaciones sociales, las ONG de los más variados ámbitos— han exigido que sus demandas sean escuchadas y se les tome en cuenta. Sin embargo, la respuesta del poder ha sido, si no el desprecio, el mutismo más elocuente. ¿Por qué tendríamos que ser optimistas?

No se trata de ser optimistas. Recientemente estaba leyendo El hombre en busca de sentido, cuyo autor es Víktor Frankl, un libro que se publicó después de los campos de concentración y ahora está muy en boga a raíz de la pandemia. Frankl habla de un optimismo trágico. Es decir, es un optimismo realista, que se ubica en las condiciones extremas (los campos de exterminio), pero en el cual se delinea un horizonte, en el cual uno se quiere encaminar. Es trágico porque no es la ingenuidad del optimismo. Pero tampoco es el nihilismo. Entonces, ¿nos quedamos de brazos cruzados? Hay un movimiento de gente, de organizaciones, que comienzan a articularse para poder fraguar este horizonte en el cual nos queremos ver.

En Convivencia: la paz en Túnez

Como parte de las iniciativas en el marco del diálogo y el acuerdo político, el año pasado trajimos al país a Hassine Abassi, quien se desempeñó como Secretario General de la Unión General Tunecina del Trabajo (2011 – 2017), y se convirtió en Premio Nobel de la Paz en el año 2015.

Leer más

En Convivencia: Chile y su transición democrática

Hace un año estuvo en Caracas el chileno Claudio Orrego, como parte de una iniciativa que desde Reacin llevamos a cabo en conjunto con Diálogo Social. Siempre seducidos con la idea de propiciar espacios para el debate y la búsqueda de soluciones concertadas.

Leer más

Francisco Sánchez en Contrapunto: Que el discurso político me haga ver a mi vecino como enemigo y como un daño biológico termina de fracturar nuestros vínculos

Ante la ausencia de una  infraestructura necesaria en el país para sostener la cuarentena prolongada en el tiempo, los ciudadanos se ven obligados a salir de sus casas para satisfacer la búsqueda de alimentos y de los recursos que les permitan la sobrevivencia.

Leer más